martes, 16 de enero de 2007

Las Manos de mi papá

LAS MANOS DE MI PAPA.

Las manos de mi papá son todo un símbolo para mí.
Fueron las manos de mi papá las que, en uno de los primeros nacimientos que con la modalidad de permitir al hombre ayudar, cortaron mi cordón umbilical separando así la unión con mi madre incorporándome a la vida y al difícil arte de vivir.
Fueron las manos de mi papá las que trataron de calmarme, palmeándome suavemente la espalda en las noches que mi llanto molesto no los dejaba dormir; y fueron sus manos las que me sujetaban tierna pero firmemente en los momentos en que tambaleante necesité sostén cuando comencé a dar mis primeros pasos.
De las manos de mi papá recibí algunos chirlos en el momento justo, que me enseñaron que estaba mal lo que yo, sin saber estaba haciendo.
Y recuerdo vívidamente como si fuese ayer cómo sus manos aplaudían eufóricamente y hasta casi ponerse coloradas el que yo halla subido al escenario del colegio a recitar vaya a saber qué versos.
También fueron las manos de mi papá las que con reiterados intentos y a través de arduas y pacientes jornadas me enseñaron a hacerme los nudos con moño en mis zapatillas, las que confieso me costó aprender.
Entonces es fácil de comprender por qué las manos de mi papá son todo un símbolo para mí.
Porque fueron sus manos las que, blandiendo un índice acusador cerca de mi cara me recriminaba mis errores como así también su pulgar levantado en señal de aprobación me indicaba mis aciertos señalándome un camino derecho.
Mirando las manos de mi papá aprendí muchas cosas. Aprendí a afeitarme y también viendo sus diestros movimientos aprendí a hacerme el nudo de la corbata.
Y también mediante el movimiento de sus manos fue que copié su técnica en el trabajo. Técnica que nos hizo tener un buen pasar.
Fueron las manos de mi papá las que incluso ya de adulto, me alcanzaron disimuladamente una (o varias) ayudas cuando tuve algunos apremios económicos.
Por eso fue que cuando se descompensó y hubo que atenderlo en el hospital, lo único que podía yo hacer era sentarme junto a su camilla y sostener sus manos entre las mías.
Grandes y callosas pero cálidas, sus manos fue lo último que toqué de papá antes de que falleciera.
Las manos de mí papá son todo un símbolo para mí.
Fueron las manos de mi papá las que me indicaron el camino recto en la vida y puedo darles mil explicaciones más por las que las manos de mi papá son tan importantes para mí.
Por eso no comprendo por qué quieren internarme si les estoy dando mis razones de por qué, después de muerto quise quedarme acá en casa con las manos de mi papá.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

OJALA PUDIERAS HACER LAS PIZZAS TAN BIEN COMO ESCRIBIS!!! Te felicito HDP. segui escribiendo que estan buenisimos estos cuentos

Anónimo dijo...

La verdad!!!! Muy interesante y muy bueno!!! Felicitarte por tu ingenio seria poco ya que sabemos perfectamente como sos, no solo escribiendo, sino tambien como persona "un capo", gracias otra ves por prestarnos tu valioso e importante tiempo, te queremos mucho.......saludamos atentamente y con mucho cariño.. Noe y Juan.